Conociendo la tartamudez

En España hay 467.000 personas que tartamudean y 72 millones en todo el mundo. Se entiende por tartamudez aquel trastorno de la fluidez del habla que se manifiesta de diferentes maneras, con una gran variedad de síntomas y una gran diversidad interpersonal, y que tiene un componente verbal-motor, un componente comunicativo, un componente cognitivo y un componente emocional. Diversos estudios demuestran que la tartamudez afecta a áreas cerebrales implicadas en el lenguaje y que interfieren en el control del habla y que las diferencias encontradas en el cerebro de las personas que tartamudean son revertidas después del tratamiento y de la remisión de las disfluencias.

En la actualidad, encontramos diversas clasificaciones de la tartamudez, según su causa (tartamudez adquirida o del desarrollo), según su sintomatología (tartamudez clónica, tónica o mixta) o según su evolución (disfluencia normal, tartamudez límite, tartamudez temprana o tartamudez establecida).

La tartamudez puede manifestarse de diversas formas, ya sea con repeticiones de sonidos, sílabas, palabras o frases, prolongaciones, bloqueos, tics, tensión muscular, pausas en el habla, circunloquios, evitaciones, ansiedad ante ciertas situaciones, etc., pudiendo interferir en el rendimiento académico o laboral, o en la comunicación social.

En todos aquellos pacientes en lo que se pueda observar los signos comentados anteriormente, es necesario realizar una valoración adecuada de sus disfluencias y llevar a cabo un diagnóstico diferencial. En dicho diagnóstico, se debe tener en cuenta las características de la tartamudez infantil, la evolución del cuadro clínico, la tipología de las disfluencias y los factores de riesgo. En cuanto a estos últimos, podemos encontrar gran variedad como pueden ser: tener carga genética, ser varón, llevar de 10 a 12 meses tartamudeando, , tener asociado un trastorno del lenguaje, manifestar disfluencias atípicas (bloqueos, carga muscular, etc.), observar un inicio del cuadro tardío (pasados los 5 años), hablar de forma rápida e impetuosa, etc.

Una vez realizada la valoración y emitido el diagnóstico de tartamudez, se recomienda iniciar el tratamiento logopédico, ya sea directo o indirecto. En el primero de ellos, y siempre teniendo en cuenta la individualidad de cada paciente y adecuando los objetivos de tratamiento al mismo, intervendremos directamente en el niño y tendremos diversos objetivos en cada caso, como pueden ser: adecuar el patrón de habla y conversación familiar, extinguir las muletillas en el caso de estar presentes, control de la velocidad de habla si esta es muy elevada, prevenir la aparición de miedos e inseguridad, etc. Por su parte, en el tratamiento indirecto, y respetando siempre la individualidad del paciente como comentábamos en el tratamiento directo, vamos a intervenir a través de los padres y llevaremos a cabo diversos objetivos como, por ejemplo, modificar hábitos conversacionales y habla, entregar y explicar las pautas acerca de qué hacer y qué no hacer, etc.

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